Por Peter
Singer, Profesor de Bioética en la Universidad de Princeton.
PRINCETON – ¿En cuáles problemas deberíamos enfocar la
investigación en medicina y ciencias biológicas? Existe un argumento sólido a
favor de luchar contra las enfermedades que matan a más personas – enfermedades
como la malaria, el sarampión y la diarrea, que son las que matan a millones de
personas en los países en desarrollo, pero a muy pocas en el mundo desarrollado.
Los países desarrollados, sin embargo, dedican la mayor
parte de sus fondos de investigación a las enfermedades que sufren sus
ciudadanos, y es muy probable que esta situación continúe así en el futuro
previsible. Teniendo en cuenta esta restricción, ¿qué avance médico sería el
que logre más en cuanto a mejorar nuestras vidas?
Si su primer pensamiento es “una cura para el cáncer” o “una
cura para las enfermedades cardiacas”, piénselo de nuevo. Aubrey de Grey,
director científico de la fundación SENS y el defensor más destacado del mundo
en el campo de la investigación anti-envejecimiento, afirma que no tiene
sentido gastar la mayor parte de nuestros recursos médicos en tratar de luchar
contra las enfermedades de la vejez, sin combatir el envejecimiento en sí. Si
curamos una de estas enfermedades, los que hubieran muerto a causa de la misma
pueden esperar sucumbir a causa de otra, unos pocos años más adelante. Por lo
tanto, el beneficio es modesto.
En los países desarrollados, el envejecimiento es la causa
final del 90% de todas las muertes de seres humanos; por lo tanto, el
tratamiento del envejecimiento es una forma de medicina preventiva para todas
las enfermedades de la vejez. Además, incluso antes de que el envejecimiento
conduzca a la muerte, reduce nuestra capacidad para disfrutar de nuestras
propias vidas y para contribuir positivamente a la vida de los demás. Por esta
razón, en lugar de enfocarse en enfermedades específicas que podrían sobrevenir
con más probabilidad cuando las personas llegan a una cierta edad, ¿no sería
una mejor estrategia tratar de prevenir o reparar el daño causado a nuestros
cuerpos por el proceso de envejecimiento?
De Grey cree que el avance, inclusive si es modesto, en este
ámbito durante los próximos diez años podría conducir a una extensión dramática
en la duración de la vida de los humanos. Todo lo que tenemos que hacer es
llegar a lo que él denomina “la velocidad de escape de la longevidad” – es
decir, el punto en el que podemos extender la vida lo suficiente como para dar
tiempo a que, a su vez, nuevos avances científicos permitan extensiones
adicionales, y por lo tanto un mayor avance y una mayor longevidad. En una
disertación recientemente en la Universidad de Princeton, de Grey, dijo: “no sé
qué edad tiene en la actualidad la primera persona que vivirá hasta sus 150
años, pero se puede decir casi con certeza que la primera persona que vivirá
hasta sus 1.000 años es menos de 20 años menor que dicha persona”.
Lo que más atrae a Aubrey de Grey acerca de esta perspectiva
no es poder vivir para siempre, sino poder prologar el periodo de vida
saludable y juvenil que llegaría como consecuencia de lograr a un grado de
control sobre el proceso de envejecimiento. En los países desarrollados, hacer
posible que aquellos que son jóvenes o de mediana edad permanezcan juveniles
podría atenuar el inminente problema demográfico relacionado a que una
proporción de la población, sin precedentes históricos, está llegando a la edad
avanzada – y que con frecuencia se está tornando en dependiente de las personas
más jóvenes.
Por otro lado, aún tenemos que plantearnos la pregunta
ética: ¿estamos siendo egoísta al intentar extender nuestras vidas de manera
tan dramática? Y, si tenemos éxito, ¿será el resultado bueno para algunos, pero
injusto para otros?
Las personas en los países ricos ya en la actualidad pueden
esperar vivir alrededor de unos 30 años más que las personas en los países más
pobres. Si descubrimos cómo retrasar el envejecimiento, podríamos tener un
mundo en el que la mayoría de los pobres deban enfrentar a la muerte en un
momento en que los miembros de la minoría rica se encuentren tan sólo en una
décima parte del recorrido de su periodo de vida esperado.
Esa disparidad es una de las razones para creer que la
superación de envejecimiento aumentará la cantidad de injusticia en el mundo.
Otra es que si las personas continúan naciendo, mientras que otras no mueren,
la población del planeta se incrementará a un ritmo aún más rápido del que
ahora lo hace, lo que a su vez también haría que la vida para algunos sea mucho
peor de lo que hubiese sido bajo otras circunstancias.
Si podemos o no podemos superar estas objeciones depende de
nuestro grado de optimismo acerca de los futuros avances tecnológicos y
económicos. La respuesta que proporciona Aubrey de Grey a la primera objeción
es que, no obstante que los tratamientos contra el envejecimiento podrían
llegar a ser costosos al principio, es probable que el precio disminuya, tal
como ocurre con tantas otras innovaciones, desde los computadores hasta los
fármacos que impiden el desarrollo del SIDA. Si el mundo puede continuar
desarrollándose económica y tecnológicamente, las personas se hacen más ricas,
y, en el largo plazo, el tratamiento anti-envejecimiento beneficiará a todos.
Entonces, ¿por qué no empezar y hacer que dicho tratamiento sea una prioridad
ahora?
En cuanto a la segunda objeción, al contrario de lo que
muchas personas suponen, el éxito en la superación del envejecimiento por sí
mismo podría darnos un respiro para encontrar soluciones al problema de la
población, ya que también podría retrasar o eliminar la menopausia, lo que
permitiría que las mujeres tengan su primer hijo mucho más tarde de lo que
ahora pueden. Si el desarrollo económico continúa, las tasas de fecundidad en
los países en desarrollo caerán, como ha ocurrido en los países desarrollados.
En última instancia, la tecnología también puede ayudar a superar la objeción
relativa a la población, al proporcionar nuevas fuentes de energía que no
aumenten nuestra huella de carbono.
La objeción relativa a la población plantea una pregunta
filosófica más profunda. Si nuestro planeta tiene una capacidad limitada para
soportar vida humana, ¿es mejor tener un menor número de personas que viven
vidas más largas o más personas que viven vidas más cortas? Una de las razones
para pensar que es mejor tener menos personas que vive vidas más largas es que
sólo quienes han nacido conocen aquello que la muerte les priva; y los que no
existen no pueden saber lo que están perdiendo.
De Grey ha creado la Fundación SENS con el objetivo de
promover la investigación anti-envejecimiento. Según la mayoría de los
parámetros de comparación, los esfuerzos de recaudación de fondos de esta
fundación han tenido éxito, considerando que cuenta con un presupuesto anual de
alrededor de $4 millones. Pero dicha cantidad aún continúa siendo tristemente
pequeña en comparación con los niveles de recaudación de las fundaciones de
investigación médica. De Grey podría estar equivocado, pero si sólo existe una
pequeña posibilidad de que él tenga razón, los enormes beneficios harían que la
investigación anti-envejecimiento sea una mejor opción que las áreas de la
investigación médica que actualmente se encuentran mucho mejor financiadas.
Fuente: Project Syndicate
