El esperma de un hombre puede permanecer vivo entre 24 y 36
horas desde su fallecimiento.
El médico se sienta frente al paciente, listo para hacer la
cirugía. Enseguida corta la piel hasta ver las capas externas del órgano.
Tiene un color blanco lechoso.
Toma una muestra y la introduce en un frasco. Su asistente
se la lleva.
A continuación, sutura cuidadosamente al paciente. La sala
está en silencio. No hay goteo intravenoso ni pitido en el monitor. Nadie
supervisa los signos vitales del paciente. Ni siquiera le han administrado
anestesia.
Está muerto.
De hecho, lo ha estado por unas 30 horas, pero algo
sobrevive en su cuerpo.
Lo que el especialista ha extraído es un líquido que puede
crear vida: su esperma.
Una increíble sustancia que no es ni persona ni propiedad;
tan abundante como valiosa y que todavía no sabemos bien cómo manejar.
Una segunda oportunidad
Ana y Michael Clark habían cumplido su primer aniversario de
casados cuando él recibió órdenes para enlistarse en su quinta misión en el
extranjero.
Mike, de 25 años, era sargento en el ejército
estadounidense.
La pareja decidió hacer un viaje antes de la despedida de
Mike: un paseo en motocicleta por las autopistas de California.
Sería el último que compartirían. Mike perdió el control de
la moto y cayeron por un precipicio.
Ana sobrevivió al accidente, pero Mike no.
Mientras se recuperaba de varias fracturas en el hospital,
Ana Clark no solo lamentaba la muerte de su esposo, sino el no haber tenido
hijos.
"Habíamos hablado una o dos semanas antes del accidente
de que era una pena no poder ir al banco de esperma a congelar sus
espermatozoides porque estaba muy ocupado con el trabajo", dijo Clark.
Al verla angustiada por su oportunidad perdida, un amigo le
sugirió que considerara recuperar algunos de los espermatozoides de Mike.
"Miré en internet y llamé a un banco de esperma",
explicó.
Le tomó un par de llamadas encontrar a un médico dispuesto a
realizar una extracción de esperma a un paciente fallecido.
El primer intento
A finales de la década de los 70, un urólogo radicado en Los
Ángeles llamado Cappy Rothman realizó la primera extracción de esperma post
mortem.
Antes de este experimento, Rothman había estudiado a
pacientes con problemas de fertilidad, lo que le dio un conocimiento detallado
de la anatomía reproductiva masculina.
Un día, cuando el hijo de un prominente político quedó en
estado de muerte cerebral tras un accidente automovilístico, un colega lo llamó
para decirle: "Tengo una petición extraña. A este político le gustaría
conservar el esperma de su hijo. ¿Lo podrías hacer?".
Rothman pensó en tres opciones: administrar una droga que
hiciera que el cuerpo convulsionara, esperando que esto llevase a una
eyaculación; extraer los órganos reproductivos del paciente y buscar sus
espermatozoides; o la estimulación manual.
Se decidieron por la segunda alternativa.
En la actualidad, Rothman es cofundador y director médico en
California del Cryobank, el banco de esperma más grande de EE.UU.
El especialista estima que han realizado cerca de 200
procedimientos de este tipo, con 130 de ellos hechos entre 2000 y 2014.
La clínica de Rothman no es la única que ofrece este
servicio. Las estadísticas son escasas, pero datos de centros de fertilidad entre
1997 y 2002 mostraron un número creciente de solicitudes de esperma en
autopsias.
Hay varias maneras de extraer el tejido. Dos de ellas
consisten en insertar una aguja en los testículos para obtener una muestra o
sacar el epidídimo, un tejido donde el esperma madura.
Marco legal difuso
El esperma, según dicen algunos, es particularmente
especial.
Diversos fallos judiciales recientes en EE.UU. le han dado a
los espermatozoides un rango de protección superior al de la sangre, la médula
ósea o los órganos.
Mientras que estos últimos se utilizan para salvar vidas,
los primeros se usan para crearlas.
Es por ello que la Sociedad Estadounidense de Medicina
Reproductiva (ASRM, por sus siglas en inglés) argumentó en 2013 que "en
ausencia de una normativa escrita, es razonable concluir que los médicos no
están obligados a cumplir con cualquier solicitud de extracción de esperma por
parte de un cónyuge o pareja".
En EE.UU., la legislación sobre tejido y donación de órganos
es federal, pero no incluye necesariamente al esperma, clasificado como tejido
renovable. Además, la reproducción artificial está regulada por cada estado.
Más allá de EE.UU., otros países difieren en el tratamiento
de estas solicitudes.
Francia, Alemania, Suecia y Canadá están entre las naciones
que prohíben la extracción de esperma post mortem.
En Reino Unido, solo es permitido cuando el hombre ha dado
su consentimiento previo.
Y en Israel, el consentimiento implícito es suficiente. Es
decir, que la viuda asegure que su esposo habría estado de acuerdo con el
procedimiento.
Entonces, ¿cómo toman decisiones los médicos que se
encuentran con este tipo de solicitudes?
"Como la mayoría de los problemas de la ética
reproductiva y de la medicina, la gran preocupación es respetar los deseos del
paciente", dijo Elizabeth Yuko, especialista en bioética.
"En este caso, debido a que el paciente falleció, es un
poco más difícil, porque también se quiere respetar el bienestar del futuro
niño".
Pero cuando el hombre ha expresado su deseo de forma clara,
los derechos de los muertos casi siempre suplantan a los de los vivos.
Un lugar en el que se les pide a los hombres sobre el destino
de sus espermatozoides después de la muerte es en los bancos de esperma.
En 2012, un grupo de investigadores encontró que el 85% de
360 hombres que depositaron su esperma en un banco de Texas manifestaron estar
de acuerdo con su uso post mortem.
Hay que tomar en cuenta que los encuestados habían sido
diagnosticados de cáncer o infertilidad.
En lo que respecta a Ana Clark, ya han pasado casi dos años
desde que un banco de esperma recolectó la muestra de su esposo fallecido.
¿Todavía quiere tener un hijo de él?
"Absolutamente", dijo. "No hay forma de que
no tenga este bebé".
Fuente: BBC Mundo